Adelantar a un camión en la ruta figura entre las maniobras más exigentes y riesgosas para cualquier conductor. No alcanza con acelerar y regresar al carril: entran en juego varias variables que, si no se analizan bien, pueden derivar en situaciones críticas. Por eso, cada decisión cuenta y el margen de error se achica al mínimo.
En diálogo con En Movimiento, Julio Giraudo, asesor en seguridad vial, explicó que los sobrepasos a vehículos de carga concentran una parte relevante de la siniestralidad en rutas interurbanas. Según señaló, en la mayoría de los casos estos episodios se vinculan más con errores de decisión que con fallas mecánicas.
Errores frecuentes al intentar adelantar un camión
Entre los errores más habituales aparece la subestimación de la velocidad relativa entre el vehículo liviano y el camión. A eso se suma una ejecución deficiente de la fase de aceleración y una mala elección del sector de adelantamiento, dos factores que extienden el tiempo de exposición en el carril contrario y elevan el nivel de riesgo.
Según Giraudo, estos fallos responden a decisiones humanas mal evaluadas. En ese sentido, remarcó: “La mayoría de los siniestros no derivan de fallas mecánicas: derivan de decisiones humanas con evaluación deficiente de riesgos”.

Antes de iniciar la maniobra, el análisis debe ser preciso y no dejar lugar a suposiciones. El especialista enumeró una serie de variables críticas previas al sobrepaso que resultan determinantes para reducir el riesgo.
- Demarcación horizontal vigente.
- Campo visual verificable (no estimado).
- Análisis del tránsito en ambos sentidos.
- Estabilidad del vehículo de carga.
- Proximidad de accesos.
“La presencia de incertidumbre en cualquier parámetro invalida la viabilidad operativa”, señaló Giraudo. En otras palabras, si no están dadas todas las condiciones, el adelantamiento no debería realizarse.
Velocidad, distancia y tiempo de exposición
El factor central en este tipo de maniobras es la velocidad relativa. “Una diferencia inferior a 10-15 km/h genera exposición prolongada en carril contrario”, explicó el asesor. Esa mayor permanencia en el carril opuesto incrementa el riesgo de forma directa y reduce el margen para reaccionar ante cualquier imprevisto.
Además, el sobrepaso a un camión demanda una distancia mucho mayor que la necesaria para adelantar a un vehículo liviano. “El adelantamiento requiere el triple de distancia que para vehículos livianos”, detalló. Por ese motivo, la aceleración debe ser firme y sostenida durante toda la maniobra, sin interrupciones que extiendan el tiempo de exposición.

En esa línea, agregó que el sobrepaso debe ejecutarse con la máxima diferencia de velocidad permitida por la normativa vigente, ya que esa condición permite acortar la maniobra y disminuir el riesgo asociado.
Cuándo no adelantar bajo ningún punto de vista
Existen escenarios en las que el adelantamiento directamente queda descartado. “En curvas, pendientes sin visibilidad o condiciones meteorológicas adversas, el protocolo establece abstención absoluta”, remarcó Giraudo.
En esos contextos, el campo visual se achica, las variables cambian con rapidez y cualquier cálculo previo pierde validez. Respetar esos límites no responde a una prudencia extra, sino a una condición básica de seguridad vial.
Adelantar un camión exige criterio, paciencia y una lectura completa del entorno. Cuando alguno de esos elementos falla, la maniobra deja de ser una opción segura y pasa a convertirse en un riesgo innecesario.





