Aunque muchas veces pasan desapercibidas dentro del mantenimiento general del vehículo, las llantas cumplen un rol central en el comportamiento del auto. Si prestás atención a su estado, vas a notar que incide de manera directa en la estabilidad, la alineación, el desgaste de los neumáticos y la respuesta del tren delantero.
En diálogo con En Movimiento, Pablo Ferretti, de Ferretti Racing, señaló que el problema no reside en la pieza en sí, sino en el contexto y en el uso diario. En ese sentido, explicó: “Yendo a una realidad, lo que es la llanta en sí, si las calles y rutas estarían en condiciones no es una pieza que sufra daños”.
En ese marco, el cuidado de la llanta no depende de una sola variable. Por el contrario, surge de la combinación entre la calidad de las calles, el tipo de neumático, el perfil de la cubierta, la presión de inflado, el tipo de vehículo y los hábitos de uso cotidiano.
Funcionamiento del vehículo y rol de la llanta
El cuidado de la llanta impacta de manera directa en el desempeño general del auto. No se trata solo de una cuestión estética o estructural, sino de su funcionamiento mecánico y dinámico. Ferretti lo explicó desde una lógica práctica y vinculada al uso cotidiano: “Es importante cuidarlas por una cuestión de que el vehículo tenga un correcto funcionamiento a la hora de salir a la ruta. Que no tenga vibraciones, que el volante pueda ser bien alineado, que las cubiertas tengan un buen desgaste”.
Cuando una llanta presenta daños, deformaciones u ovalización, se altera el equilibrio del conjunto rueda-suspensión. Esa falla genera vibraciones, afecta la alineación y provoca un desgaste irregular de los neumáticos, con un impacto directo en la seguridad, el confort de marcha y los costos de mantenimiento del vehículo.
Pozos, impactos y perfil de cubierta
El daño estructural de la llanta suele estar vinculado a impactos directos y a las condiciones del entorno urbano. Ferretti lo resumió de manera clara y directa: “En sí la llanta se daña por un pozo, un bache o alguna piedra o algo que pegue de lleno contra la cubierta y que la cubierta haga presión y obviamente dañe la llanta o la ovale”.
En ese proceso, el tipo de cubierta resulta determinante. En los vehículos con perfil bajo, el margen de absorción es mínimo y cualquier irregularidad del asfalto puede generar consecuencias. “Las cubiertas por ejemplo perfil bajo, requieren mucho aire porque tiene poco talón la cubierta. Al tener poco talón la cubierta tiene que ir bien inflada porque si agarras un pequeño pocito al toque pega en la llanta y la rompe o la fisura”.
En contrapartida, en los vehículos con mayor perfil de goma, el impacto se distribuye de otra manera. “Cuando tiene mucha cubierta, como las camionetas por ejemplo o los camiones que tienen mucha goma y talón, no sufre la llanta porque la cubierta aguanta ese golpe”.
Por ese motivo, los autos de alta gama con perfil bajo quedan más expuestos al daño estructural de las llantas en entornos urbanos deteriorados.

Presión de neumáticos y protección de la llanta
La presión de inflado es uno de los factores que más incide en la vida útil de la llanta. No existe un valor único, ya que varía según el vehículo, el tipo de cubierta y el uso previsto. De acuerdo con el especialista, la presión correcta depende del auto, del talón de la cubierta y del lugar donde se lo utilice.
La diferencia entre el uso en ruta y en ciudad también modifica los criterios. Ferretti lo explicó de manera concreta: “Si vos el auto lo vas a utilizar en ruta obviamente van con más aire para que el auto tenga menos rozamiento contra el asfalto, vaya más liviano y gaste menos combustible. Si lo vas a usar en ciudad un poco menos de aire para tener más confort de marcha, para que la cubierta amortigüe más los golpes del asfalto”.
Los extremos generan riesgos diferentes. Con baja presión, la llanta queda más expuesta al impacto directo. Si está muy desinflada, puede ocurrir que, al tomar un pozo, se golpee y se ovale.
Con presión excesiva, en cambio, el daño se traslada al sistema de suspensión: “Si la cubierta la tenes muy inflada podes dañar los amortiguadores o parte del tren delantero porque obviamente va picando porque hace mucha fuerza”.
En ambos casos, el problema no se limita a la llanta, sino que impacta sobre el conjunto mecánico del coche.

Uso cotidiano, revisión y criterios de reemplazo
La necesidad de revisar las llantas está directamente ligada al entorno de circulación y al uso diario del vehículo. Ferretti lo planteó con claridad: “Una cosa es usar el vehículo en una zona donde las calles están en mal estado y agarras baches todos los días y es muy probable que las llantas se tiendan a deformar, ovalar, golpear. Si vivis en una zona donde no tenes baches las llantas no sufren ningún tipo de daño”.
El criterio de cambio aparece cuando existe un riesgo estructural concreto. Por ejemplo, si la llanta presenta una fisura que implica peligro de rotura o un descalonado. A estas situaciones se suman otras variables, como el tipo de neumático, la tecnología utilizada y el diseño del conjunto rueda–llanta, que también influyen en su durabilidad y desempeño.
En ese sentido, el entrevistado remarcó que no existe una única regla técnica aplicable a todos los casos: “Varía mucho en el vehículo en que esté colocada, varía mucho el tipo de cubierta que se utilice, varía mucho si la llanta es de aireación o de chapa. Hay un montón de factores que pueden influir en todo el conjunto”.





