Por más que los conocedores del clima lo pronostiquen, son pocas las personas que pueden llegar a advertir o prever que su auto sufra una inundación. Es más, pese a que las probabilidades son muy bajas de que suceda, uno nunca sabe cuándo realmente puede suceder.
En primera medida, hay que destacar que hay un abanico muy grande de problemáticas que pueden suceder frente a una inundación. Este dependerá según el nivel del agua y, también, el granizo y los fuertes vientos que influyen en el deterioro del auto.
La primera problemática que se puede destacar de las grandes tormentas son los granizos. Estos pueden ser el comienzo de una gran pesadilla. ¿Las víctimas? Los parabrisas delantero y trasero, las lunetas y las ventanillas. Los fuertes impactos pueden causar roturas y estalles. Por otro lado, se encuentran las posibles abolladuras en la chapa que serán más intensas o no, según la caída y el tamaño.
Daños según la intensidad
Y así como sigue la tormenta y el agua empieza a subir cada vez un poco más. Es aquí donde las personas deben estar atentos. Cuando el nivel llegue a la mitad de las ruedas, puede que el agua llegue al catalizador, la pieza encargada de disminuir, mediante la técnica de catálisis, los elementos polucionantes que están contenidos en los gases de escape del auto. A esta altura no es necesario preocuparse, ya que el auto podrá arrancar normalmente y lo único que habría que hacer es sustituir el propio catalizador.
Si el agua continúa subiendo será momento de ocuparse y estar atentos. La siguiente fase del agua puede ingresar por el ingreso del aire del motor. En estas ocasiones será recomendable no encenderlo y esperar la grúa. ¿Por qué? El agua puede llegar a dañar el propulsor o el sistema de encendido. Por otro lado, si el líquido llega a los cilindros puede que, por la presión, doblen alguna biela.
El agua no es la única materia que puede estropear el auto. El barro y las partículas que se forman a partir de ella pueden desencadenar grandes problemas. El barro, una vez seco, puede afectar diversos componentes mecánicos del auto. La transmisión, los rodamientos, las suspensiones y los frenos pueden dañarse.
Si el barro alcanzó la caja de cambios o el cárter del aceite, será necesario cambiarlos junto con sus filtros. Además, conviene revisar con atención que los desagües internos no estén obstruidos, ya que podrían generar óxido en la chapa y provocar reparaciones y gastos innecesarios.
La presión del agua también puede ingresar al interior del vehículo y arruinar todo a su paso: alfombrado, tapicería, asientos, mandos de control, aislantes, entre otros elementos. Si el auto se retiró del agua rápidamente, tal vez pueda “salvarse” con un secado profesional. De lo contrario, lo más probable es que haya que reemplazarlo.

Y finalmente, está el peor escenario: cuando el agua alcanzó el techo del auto. En estos casos, recuperarlo se vuelve muy difícil. Intentarlo puede significar un costo desorbitante. Más allá de esto, y según cada situación, la persona podría evaluar la posibilidad de avanzar con un desarme completo, una limpieza profunda y un secado minucioso. Aun así, será muy difícil revertir los daños provocados por el agua.
Artículo publicado originalmente en enero de 2023.





