Cómo enseñar a manejar a los hijos

Enseñar a manejar a los hijos es un hito importante en su camino hacia la independencia. Este proceso requiere paciencia, comprensión y una buena dosis de comunicación. En este artículo, te ofrecemos consejos de los expertos sobre cómo guiarlos.

Tomar la decisión de enseñar a manejar a los hijos o hijas es un acto de responsabilidad. No solo del padre que dará los consejos, sino también del jóven aprendíz que iniciará sus primeros pasos en la calle.

Omar Alzugaray, psicólogo y director de ‘Animate a Manejar’, el primer método práctico para superar el miedo a conducir, destaca un aspecto al que pocos prestan atención: el contacto del joven con el auto. “Es importante que el coche se convierta en algo familiar para el chico, permitiéndole imaginarse en el asiento del conductor en el futuro. Esto no implica necesariamente conducir, pero es una actividad que los padres deben fomentar”, señala Alzugaray.

Otro aspecto a considerar es la edad en la que una persona aprende a manejar por primera vez. El experto señala que el aprendizaje es “mucho más fácil y natural cuando se inicia a una edad temprana” y añade: “Trabajé con personas que aprendieron a conducir tardíamente, es decir, a los 30 años, o que nunca tuvieron contacto con un vehículo durante su adolescencia, y en estos casos, les resulta más difícil’.

La empatía y la calma son claves al enseñar a conducir por primera vez.
Práctica de manejo segura para principiantes.

​La importancia de la empatía

La empatía y la paciencia son cualidades muy importantes a la hora de enseñar a manejar a los hijos o hijas. Al respecto, Alzugaray explica a En Movimiento que no se trata de “los padres o las madres”, sino “estilo” que tiene cada uno.

“La experiencia de aprendizaje puede ser traumática si ellos no le tienen paciencia o quieren que aprendan todo rápido en tan solo unos pocos momentos de enseñanza” comparte el especialista y completa: “A veces los mayores tienen la vara muy alta para alguien que recién está empezando”.

Sobre el tema, Eugenia Parodi de Nina Autoescuela, coincide y agrega que el alumno está en una situación estresante, por ende recomienda “hablar en forma firme, pero que transmita tranquilidad”. Otro aspecto que los padres pueden enseñar a sus hijos es a respetar las leyes de tránsito según su jurisdicción.

Cuando tanto los principiantes como su padre/madre están nerviosos, es más difícil poder transmitir bien qué hacer y cómo responder. En esos casos, los especialistas recomiendan dejar “la clase” para otro día, pero sin dejar pasar mucho tiempo entre cada práctica.

La autoescuela, una gran alternativa

Enseñar a conducir requiere paciencia, tiempo y, a menudo, herramientas que faciliten el aprendizaje. Aunque los padres pueden asumir este rol, a menudo se enfrentan a limitaciones. Según Alzugaray, el aprendizaje de conducir en tránsito debe realizarse en un auto de doble comando, “ya que existen vehículos y personas capacitadas para este propósito”. Por eso -agrega- la enseñanza por parte de los padres presenta “ciertas restricciones”.

Desde Nina Autoescuela sostienen a En Movimiento que, al momento de buscar escuelas o academias de conducción, es muy importante que estas estén autorizadas. “Las autoescuelas habilitadas por el Gobierno de la Ciudad son las únicas que pueden enseñar de forma práctica en CABA. Siempre con autos con doble comando, seguro específico para la actividad y vehículos e instructor habilitados”, afirma.

Sin embargo, Parodi menciona que cualquier persona que quiera enseñar a su hijo u otro joven debe prestar atención a los aspectos técnicos y las numerosas cuestiones que se incluyen en el manejo, tal como se hace en una autoescuela. En este sentido comparte que dentro del proceso se debe incluir diversos argumentos como:

  • Circulación
  • Retención de embrague
  • Cambios
  • Lectura del tablero
  • Luces
  • Chequeos previos de seguridad
  • Regulación de la velocidad
  • Reversa
  • Señalización
  • Posicionamientos y usos de los espejos
  • Estacionamiento paralelo (CABA) y a 45 y 90° (según jurisdicción)
  • Uso de las rotondas u pendientes
  • Técnicas de frenado
  • Ley de tránsito y señales
  • Pioridades de circulación
  • Control de líquidos
  • Entre otros.
Las primeras prácticas deben hacerse en lugares seguros y con poco tránsito.
Aprender a manejar con la guía de los padres.

​Los primeros pasos

Para lograr la comprensión de este listado y mucho más, el lugar ideal para enseñar son los caminos sin tránsito. De esta manera, el aprendiz se concentra en lo que él/ella hace y no está pendiente de los demás vehículos.

Los primeros pasos son esenciales. No solo para comprender las bases sino también generar la confianza necesaria para que el principiante se sienta cómodo. Por eso, para comenzar, es importante empezar por lo básico y sencillo: cómo encender y apagar los faros; cómo usar los limpiaparabrisas y la comprensión de los diferentes componentes del tablero como el indicador del combustible entre otros.

Dentro de las acciones más simples se encuentra la posición del aprendiz. Es fundamental que el futuro conductor se sienta cómodo no solo para alcanzar el volante sino también los pedales, sin esforzarse. ¿Cómo hacerlo? Ajustando el asiento a su altura y verificar con la persona si se sienta cómoda.

Otro punto clave es el ajuste de los espejos del auto. Es muy relevante tener presente este punto que muchas veces es pasado por alto. Hacerle comprender al aprendiz que son vitales para ver a los demás vehículos que circulan o que puedan aparecer. Para el espejo retrovisor interior debe encontrar el mejor panorama hacia atrás de la calle. En cuanto a los otros dos espejos, el izquierdo y el derecho, tiene que mostrar el horizonte, no tanto la carrocería del auto.

Acomodado los asientos, ajustados los espejos retrovisores y con el cinturón de seguridad colocado, es momento que la persona se familiarize con los pedales y conozca cómo y cuáles son los cambios. Al mismo tiempo, conocer la funcionalidad del freno de mano.

Ahora solo es práctica. Algunos especialistas recomiendan tres o cuatro veces a la semana de entre 30 a 60 minutos. Si el estrés es demasiado, es mejor dejarlo para otro día.

Así, como concluye Eugenia Parodi de Nina Autoescuela: “Nadie nace sabiendo”.

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