Cómo manejar de forma segura por la cornisa o rutas de montaña

​A la hora de conducir en terrenos poco conocidos o peligrosos, es importante estar concentrado y conocer el clima, además de un coche en condiciones. ¿Qué otros puntos hay que saber? Te lo contamos.

Subidas, bajadas y caminos sinuosos. No es una montaña rusa, pero transitar por rutas de montaña o cornisas es como si lo fuera. Si bien siempre hay recomendaciones que todo conductor puede llevar a la práctica, mucho dependerá de las características del camino.

Es más, hasta una misma ruta varía según el paso del tiempo por su señalización, ángulo de curva, cantidad de carriles e incluso la posición del sol, la temporada del año o la altura de las nubes.

Para un viaje seguro es necesario tener el auto en condiciones técnicas y mecánicas, buen funcionamiento de frenos, neumáticos en condiciones y sistema de aceite y agua. También hay que contar con el tanque lleno y estar preparado con botiquín de primeros auxilios, remedios diarios de los ocupantes y agua y abrigo.

Otro punto es no confiar siempre en la tecnología y bajarse el mapa. Uno no sabe en qué momento se puede perder la señal y de esta manera, se tiene una guía concreta del camino.

Pareja viajando en automóvil descapotable mientras consulta un mapa para avanzar por una ruta de cornisa.
La anticipación de puntos críticos en tramos de cornisa mejora la seguridad y optimiza tiempos de recorrido en operaciones logísticas y turísticas.

Cuestiones a la hora de manejar

Concentración, tranquilidad y seguridad son algunos de los aspectos de un buen conductor. Esto favorecerá estar atento a la ruta. Es mejor no tomar mate o distraerse con comida porque el camino lo puede sorprender con curvas o animales.

Es bueno saber el tiempo aproximado del viaje, así se fija los horarios de descanso y contar con provisiones de alimento. Para tomarse estos recreos lo ideal es estacionarse lejos de la banquina sin molestar la circulación.

Al iniciar el ascenso a la montaña, se recomienda mantener una velocidad continua y regular sin frenadas bruscas. En estos momentos el que sube es quien tiene la prioridad frente a otro vehículo que circula en la dirección opuesta.

Para descender hay que mantener la tranquilidad y evitar el uso del acelerador. Hay conductores que eligen bajar en punto muerto, una mala decisión porque si se tiene que hacer una maniobra rápida cómo frenar, el auto se deslizará aún más que en otras condiciones.

En caso de emergencia, si es posible, hay que ubicarse en un lugar amplio, alejado de la banquina y evitar obstruir el paso de los otros vehículos. Y si el coche queda en una pendiente, hay que asegurarlo con el freno de mano y trabar las ruedas traseras con piedras como cuña.

La comunicación con otro conductor es necesaria, así que durante el día la bocina es un recurso, mientras que, por la noche, las luces y su señalización en la ruta siempre son el mejor aliado.

Clima y terreno

Un capítulo aparte merecen otras cuestiones externas. Hay que conocer las condiciones antes de salir de viaje. Es recomendable tener cuidado con los ‘golpes de viento‘ cuando se sale de un túnel o cuando se cruza un camión. En todos los casos, el volante se debe mantener firme y seguro, lo mismo que a una baja velocidad.

Camión y automóvil avanzan por una ruta de cornisa cubierta de nieve, con baja visibilidad y condiciones climáticas exigentes.
En escenarios de nieve, los tramos de cornisa requieren protocolos de conducción específicos y neumáticos adecuados para garantizar continuidad operativa.

Como conductor hay que conocer cuáles son las posibilidades del suelo con las que se puede encontrar porque nos permitirá sujetar el coche a través de las frenadas.

Alguna de las opciones son las siguientes:

  • Asfalto: lo ideal es aquel que se encuentra en buen estado, con la señalización marcada. El tema es que este tipo de suelo hace que la persona que maneje elija aumentar la velocidad y no sería lo mejor. Cuando no está en condiciones, hay que esquivar los pozos. Siempre hay que mirar el espejo retrovisor antes de hacer una frenada brusca.
  • Ripio: Es una mezcla de arena y piedra. Para frenar hay que disponer de mayor distancia. La velocidad es baja y este tipo de suelo hace que trabaje la suspensión del tren delantero por las piedras medianas y grandes. En ripio mejorado (arena, piedra con alisado) el suelo es más liso. Se puede ir a una velocidad mayor.
  • Piedras: se corre el riesgo de cortar la cubierta. Si están mal asentadas, las ruedas patinan y las lluvias no cambian las condiciones del suelo.
  • Arcilla: las precipitaciones no se llevan bien con este tipo de tierra y no se recomienda circular porque el auto patina mucho. Mejor esperar. Lo mismo después de las lluvias. Por más que esté seco, puede haber huellas de un vehículo pesado. Usualmente, los lechos de río son de arcilla, si nos toca uno hay que asegurarse que el vehículo puede transitarlo.
  • Lajas: son piedras delgadas y cortantes. Esto ocasiona varias pinchaduras de cubierta. Es posible que sea el suelo más difícil. En cuanto a la distancia de frenado tiene que ser amplia.
  • Tierra: es el top número 1 para conducir en la montaña, claro, después del asfalto o ripio mejorado. Posibilita un buen frenado y buena tracción.

Conducir en la montaña es un desafío. Por eso será importante seguir las recomendaciones de los expertos antes de emprender este camino, para evitar sorpresas y que no se nos haga una cuesta arriba.

Artículo publicado originalmente en marzo de 2024

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