La compra de un auto usado no debe tomarse “a la ligera”. Cuando una persona recibe un vehículo —del que se desconoce su pasado— deberá estar sumamente atenta a múltiples aspectos, con el fin de evitar comprarse un problema a futuro.
Uno de los indicadores a los que hay que prestar mayor atención al adquirir un auto con cierto tiempo de vida es su kilometraje. ¿Por qué? ¿Cuál sería el kilometraje ideal del vehículo usado al momento de la compra? Estas y otras dudas, las respondemos de la mano de expertos en la materia.
El kilometraje ideal
Paula Salazar, profesora del Instituto Tecnológico de Capacitación Automotriz (ITCA), señala que conocer el kilometraje del auto usado “va a dar una lectura de lo que fue su uso”, lo cual resulta clave, ya que el vehículo cuenta con “muchos componentes que, tras una cierta cantidad de kilómetros, hay que reemplazar”.
A la hora de estimar el kilometraje ideal que debe tener un usado para ser adquirido, Salazar explica: “Siempre se recomienda que tenga más de 60.000 km y menos de 100.000 km. Su calidad va a ser buena y el precio también”.
Para encontrar un usado en buen estado (no perfecto), Nicolás León, mecánico, sostiene que la unidad puede marcar en su odómetro hasta 120.000 km. Por su parte, Salazar destaca que la cifra puede extenderse, como mucho, a 150.000 km “pero más no, porque en ese punto empiezan todos los problemas”, sostiene.
Si bien es importante saber sobre el pasado del auto, también es indispensable que, luego de su compra, se lo utilice con cierto cuidado, para así disminuir las probabilidades de sufrir roturas de diverso tipo, y por ende ampliar la vida útil de las piezas.
En cuanto al kilometraje, los autos suelen realizar entre 10.000 y 20.000 km al año, según los expertos, aunque también es cierto que los números “varían de acuerdo con el uso que se le dé a la unidad”, tal como sostiene Salazar.

El desgaste, en kilómetros
Tomando los recaudos necesarios, se puede prolongar la vida útil de las diferentes piezas del auto, pero lo cierto es que, tarde o temprano, llega el momento de reemplazarlas. Por esto, también es importante conocer el kilometraje previo del usado para prever en qué momento habrá que llevarlo al taller.
Más allá de las tareas de mantenimiento del “service”, León destaca que uno de los primeros elementos a cambiar es la correa de distribución (ubicada en el motor), más precisamente entre los 60.000 y 70.000 km. En el mismo rango, Salazar menciona las mangueras de refrigeración del impulsor, acción que incluso podría incluir el reemplazo del radiador.
La instructora también señala que a los 60.000 km es momento de prestar atención a “todo lo que es la suspensión”, como, por ejemplo, cambiar los amortiguadores. “Es algo que casi nadie hace, pero la realidad es que hay que tenerlo en cuenta”, explica. Otro elemento a reemplazar es el embrague, aunque ya cerca de los 120.000 km, sostiene León.
Claro que la relación kilometraje-cambio de piezas suele no ser exacta, ya que el desgaste “depende mucho del uso que se le dé al vehículo”, explica Salazar. Por ejemplo, no es lo mismo emplearlo todos los días para ir a trabajar y en una ciudad con mucho tráfico que hacerlo solo los fines de semana, cuando el flujo vehicular es mucho menor, y por ende las frenadas y aceleraciones son más espaciadas.
Otro detalle a tener en cuenta reside en los terrenos en los que se transita, y la preparación o no del modelo para ello. Por ejemplo, un vehículo pensado para la ciudad no tiene problemas para transitar calles y avenidas de asfalto, pero posiblemente se vuelva más vulnerable al recorrer caminos de tierra o con desniveles.
El asesoramiento y revisión de expertos en la materia son indispensables para mantener el auto en las mejores condiciones posibles, ya que “hay un montón de componentes que, a medida que va pasando el kilometraje, se van dañando, y capaz que uno no se da cuenta hasta que se rompen”, cierra Salazar.





