Los horarios de ingreso y egreso escolar concentran, en pocos minutos, un alto volumen de vehículos, peatones y transporte escolar en espacios reducidos. Esa combinación suele generar escenas de desorden que impactan tanto en la fluidez del tránsito como en la seguridad de quienes circulan, en especial de los chicos.
En ese contexto, las decisiones que toman los conductores al detenerse para permitir el ascenso o descenso de los alumnos adquieren un rol central. Una maniobra mal ejecutada puede provocar congestión, generar situaciones de riesgo o derivar en conflictos entre distintos actores del tránsito.
En diálogo con En Movimiento, Eduardo Bertotti, director del ISEV (Instituto de Seguridad y Educación Vial), analizó las conductas más frecuentes, explicó cuáles son las prácticas correctas y remarcó la importancia de sostener hábitos que favorezcan una convivencia vial más ordenada en zonas escolares.
Errores frecuentes que aumentan el riesgo
“La situación de desorden ya por sí misma genera riesgos”, advirtió Bertotti, al describir el escenario habitual en los alrededores de muchas instituciones educativas.
En ese marco, identificó un error recurrente con consecuencias directas en la seguridad: “El error más frecuente es permitir el ascenso y descenso del vehículo del lado de la calzada, por donde circulan los automotores”.
Se trata de una práctica que se repite en distintos contextos y que muchas veces está vinculada a maniobras incorrectas al momento de detener el vehículo. “Esto ocurre cuando se detienen en doble fila o en establecimientos escolares que tienen su frente vallado”, explicó.
Estas situaciones no solo alteran el orden del tránsito, sino que también colocan a los chicos en una posición de vulnerabilidad, ya que los obligan a interactuar con el flujo vehicular en condiciones inadecuadas.
¿Cómo detenerse de manera segura?
Frente a este escenario, el especialista planteó una conducta clara y concreta que permite reducir riesgos y ordenar la circulación.
“Lo correcto es detenerse en paralelo y arrimado al cordón de la vereda, por el tiempo suficiente para permitir el descenso o ascenso del vehículo y siempre por las puertas que dan a la vereda”, señaló Bertotti.
Esta práctica no requiere infraestructura compleja ni intervenciones externas, sino una decisión consciente por parte del conductor. Al respetar esta forma de detención, se evita invadir la calzada, se protege a los peatones y se facilita la continuidad del tránsito.
Además, el criterio de permanencia breve resulta clave en horarios de alta demanda, donde cada segundo de detención influye en la dinámica general del flujo vehicular.
Doble fila, sendas peatonales y espacios reservados
Las conductas inadecuadas al estacionar o al detenerse en zonas escolares son una de las principales causas de conflictos en estos entornos. Entre ellas, la doble fila y la ocupación de sendas peatonales aparecen como las más habituales.
“Estas son malas prácticas que pueden provocar congestión en la calzada y riesgo de atropello peatonal por desplazamientos inadecuados sobre la calzada”, advirtió el especialista.
La congestión no solo afecta la circulación de los vehículos, sino que también genera movimientos imprevistos, maniobras bruscas y desvíos que incrementan el riesgo para todos los actores del tránsito.
A esto se suma otra problemática frecuente vinculada al uso indebido de espacios específicos. “También es frecuente observar la invasión por parte de los automotores de los espacios reservados para los transportes colectivos escolares”, marcó. “Dificulta y pone en riesgo el ascenso y descenso de los escolares de estos transportes al tener que hacerlo sobre la calzada”, agregó.
En estos casos, la falta de respeto por los espacios asignados no solo desordena el tránsito, sino que también obliga a modificar prácticas seguras que ya están establecidas.

Organización, control y hábitos clave
El orden en las zonas escolares no depende exclusivamente de las decisiones individuales. “Es fundamental el rol de establecimientos escolares y municipios en la gestión y control del tránsito en tales entornos”, sostuvo Bertotti.
Sin embargo, reconoció que la continuidad en las políticas públicas aparece como un punto débil: “Han existido diversos modelos de tal gestión. Lamentablemente en dónde no existe una política proactiva al respecto los modelos caen en desuso”.
En ese sentido, remarcó que muchas jurisdicciones aplican medidas puntuales que no logran sostener resultados en el tiempo y que tampoco responden a un programa eficiente. Entre las acciones más habituales mencionó el señalamiento específico y el control de velocidad, con un límite que no debería superar los 20 km/h en las inmediaciones de las escuelas.
También destacó iniciativas orientadas a ordenar el momento más crítico del día. Se trata de un programa llamado “Campaña SUBE Y BAJA” que se aplica con mayor o menor continuidad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde 2023, según detalló.
Sobre su funcionamiento, desarrolló: “Es un programa de seguridad vial y ordenamiento del tránsito para escuelas que busca agilizar el ingreso/egreso, mediante voluntarios que asisten el descenso y ascenso rápido de alumnos”.
Hábitos individuales a considerar
En paralelo, el especialista puso el foco en los hábitos individuales como un factor determinante: “Para los conductores en general el principal hábito es la reducción de velocidad al aproximarse a la zona escolar y maximizar la atención a las circunstancias del tránsito”.
Para quienes trasladan chicos, sumó una recomendación concreta que apunta a mejorar la convivencia vial. “Una buena práctica es estacionar el auto en proximidades y desplazarse a pie hasta la puerta de la institución escolar, antes que detenerlo en doble fila y permanecer allí obstaculizando el tránsito”, afirmó.
Finalmente, recordó la importancia de respetar las normas específicas de cada entorno en todos los casos en que esté señalizado para los transportes escolares.





