Después de estacionar, muchas personas toman la manija y abren la puerta casi en el mismo movimiento. Esta acción dura apenas unos segundos y suele realizarse sin pensar demasiado en lo que ocurre detrás del vehículo.
El problema aparece cuando una bicicleta, una moto o incluso otro auto se acerca por el espacio que queda entre los vehículos estacionados y el carril de circulación. Si la puerta se abre de golpe, quien viene por detrás puede encontrarse con un obstáculo que hasta ese momento no estaba en su recorrido.
La maniobra Dutch Reach propone modificar ese gesto cotidiano. La técnica es sencilla, pero debe ir acompañada por la observación de los espejos y una apertura cuidadosa.
El riesgo de abrir la puerta sin mirar hacia atrás
Una puerta abierta sobre la calzada puede ocupar buena parte del espacio por el que circulan bicicletas y motos. La situación es especialmente peligrosa porque la barrera aparece de manera repentina y, en cuestión de segundos, queda a la altura del cuerpo del ciclista.
Ante esto, la persona que circula en bicicleta puede golpear directamente contra la puerta o intentar esquivarla. Ese movimiento puede hacer que pierda el equilibrio o se desvíe hacia el centro de la calle, donde queda expuesta al paso de otros vehículos. En una calle angosta o con mucho tránsito, el margen disponible para reaccionar es todavía menor.

Los datos oficiales ayudan a dimensionar la vulnerabilidad de quienes se mueven en bicicleta. Según el Informe de Siniestralidad Vial 2025 de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, los ciclistas representaron el 5% de las víctimas fatales con información válida sobre el tipo de usuario el año pasado. La información no identifica cuántos casos estuvieron relacionados con la apertura de puertas, pero muestra la importancia de prestar atención a este grupo al compartir la calle.
Qué es la maniobra Dutch Reach
Según Julio Giraudo, consultor en seguridad vial, la maniobra Dutch Reach es “un hábito técnico de seguridad vial que modifica la mecánica corporal al descender del vehículo”. Se trata de una técnica para abrir la puerta del auto con la mano más alejada de la manija.
“Al momento de descender, el conductor debe utilizar su mano derecha para abrir la puerta delantera izquierda, o la mano izquierda si se trata del acompañante en el lado derecho”, explica el especialista. La misma lógica puede aplicarse en los asientos traseros cuando la puerta da hacia la calzada.
Tal como indica Giraudo, el cambio de mano obliga a cruzar el brazo por delante del cuerpo. Como consecuencia, el torso y los hombros giran hacia la puerta, lo que facilita orientar la cabeza hacia atrás. Ese movimiento permite relacionar lo que muestran los espejos con una observación directa de la calle.
Usar la mano contraria, por sí solo, no garantiza una apertura segura. El valor de la técnica está en aprovechar el giro para mirar el entorno antes de mover la puerta. Por eso, la Dutch Reach debe convertirse en una secuencia de observación y no en un gesto automático que se realiza sin comprobar si alguien se acerca.
Cómo hacer la maniobra Dutch Reach paso a paso
La maniobra Dutch Reach puede incorporarse mediante una serie de pasos. Al principio requiere prestar atención a cada movimiento, pero con la práctica puede transformarse en un hábito al bajar del vehículo.
- Mirar el espejo central y el lateral
Antes de acercar la mano a la manija, es importante comprobar qué ocurre detrás del auto. Giraudo recomienda realizar “una lectura de los espejos retrovisores central y lateral”. El primero ofrece una visión general de la circulación, mientras que el segundo permite observar con mayor detalle el lado por el que se abrirá la puerta.
- Tomar la manija con la mano contraria
El conductor debe cruzar el brazo derecho para alcanzar la manija de la puerta izquierda. Quien se encuentra del lado derecho tiene que usar la mano izquierda. Este cruce evita que la puerta se abra en un único movimiento rápido con la mano más cercana.
- Girar el torso y la cabeza
Al extender el brazo, el cuerpo acompaña el movimiento. Según Giraudo, el gesto “obliga de forma natural a girar los hombros y la cabeza hacia atrás”. La mirada debe dirigirse hacia el espacio por el que podrían aproximarse bicicletas, motos u otros vehículos.
- Revisar el punto que no cubren los espejos
Los espejos ayudan, pero su campo visual tiene límites. Antes de abrir, conviene mirar directamente hacia atrás para comprobar el punto ciego cercano al vehículo. Una bicicleta puede quedar fuera del espejo lateral durante parte de su aproximación y aparecer junto a la puerta segundos después.
- Esperar hasta que el paso esté libre
Si se acerca alguien, la puerta debe permanecer cerrada. No alcanza con calcular que la bicicleta o la moto tendrá espacio para pasar. La apertura recién puede comenzar cuando quien se aproxima haya superado el vehículo y no exista riesgo de invadir su recorrido.
Las calles y situaciones en las que conviene aplicarla
La Dutch Reach puede utilizarse cada vez que una puerta da hacia un espacio de circulación. No hace falta que exista una ciclovía ni que se vean ciclistas al momento de estacionar. Adoptarla como hábito evita tener que decidir en cada descenso si la zona parece peligrosa.

Para Giraudo, su uso es especialmente importante en “avenidas urbanas, arterias comerciales, calles angostas o sectores con ciclovías y carriles exclusivos de transporte”. En estos lugares suelen convivir diferentes formas de movilidad en un espacio limitado, con paradas frecuentes, cruces y cambios de velocidad.
También conviene prestar más atención de noche, con lluvia o cuando los vidrios están empañados. La menor visibilidad puede dificultar el cálculo de la distancia y la velocidad de quien se acerca.
Precauciones adicionales para realizar la maniobra
Después de revisar los espejos y mirar hacia atrás, la puerta no debería abrirse por completo de una sola vez. “El protocolo seguro exige destrabar la puerta y abrirla inicialmente solo unos centímetros”, señala Giraudo. “Esta acción genera una alerta visual para quienes se aproximan por la retaguardia y ofrece un margen de reacción crucial ante cualquier imprevisto antes del despliegue total de la puerta”.
Si bien entreabrir la puerta puede funcionar como una señal visual para quienes se aproximan, no debe interpretarse como una indicación para que el ciclista o motociclista frene o cambie su recorrido. La persona que está dentro del auto tiene que esperar y mantener la puerta contenida hasta que pueda bajar sin interferir con nadie.
Las cámaras, sensores y alertas del vehículo pueden aportar información, pero no reemplazan la mirada. Tampoco conviene confiar únicamente en el espejo lateral. Los puntos ciegos, la oscuridad, el reflejo de las luces o un objeto que tape la visión pueden ocultar por un momento a quien se acerca.
Cuando viajan chicos, es recomendable que bajen por el lado del cordón siempre que sea posible. Si tienen que hacerlo hacia la calzada, un adulto debe controlar la apertura. También es útil avisarles a todos los pasajeros que esperen antes de tocar la manija, sobre todo en viajes en taxi, remís o vehículos de aplicaciones.
La maniobra termina cuando la persona cierra la puerta y llega a un lugar seguro. Quedarse parado junto al auto o dejar la puerta abierta mientras se busca algo en su interior prolonga la ocupación de la calzada. Al fin y al cabo, la Dutch Reach ayuda a detectar el riesgo antes de abrir, pero funciona mejor cuando todo el descenso se realiza con atención.





