¿Cómo hace un piloto para competir en la Fórmula 1?

​La exigencia de la principal categoría del deporte motor requiere preparación de todo tipo, pero también otros factores. Te los contamos acá.

El mundo del automovilismo está compuesto de una innumerable cantidad de categorías, que presentan grandes diferencias entre sí: ya sea por el tipo de autos, el formato de las competencias o los escenarios en los que se disputan las carreras.

Más allá de la enorme oferta que brinda el deporte motor, prácticamente todos los que fueron o son pilotos iniciaron su historia deportiva con el mismo sueño: llegar a la Fórmula 1, es decir, a la principal especialidad de esta disciplina. No por nada se la conoce como la “Máxima”.

La F1 presenta un “circo” sumamente selecto, tanto por las automotrices como por los mecánicos, ingenieros y pilotos que la componen. En cuanto a los “volantes”, apenas 20 son los compiten año tras año, contra los cientos que, generalmente sin éxito, buscan incluirse en ese listado escueto.

¿Por qué es tan difícil ser parte de la F1? ¿Cuáles son los factores que generan tamaña dificultad? Estas y otras preguntas nos hacemos desde En Movimiento, y ya pasamos a responderlas.

El factor económico

Si hay algo que marca la vida de un piloto de F1 es el dinero. Al tratarse de un deporte en el que las máquinas son las principales protagonistas (con componentes costosos), el dinero resulta clave para alcanzar el éxito.

Ya desde niño, el piloto debe contar con un importante respaldo económico, con el fin de, primordialmente, contar con las mejores herramientas y piezas para su karting, vehículo con el que recorren sus primeros años de formación.

Con el correr de los años, las oportunidades pueden surgir por el talento destacado de aprendiz, al que las puertas se abren gracias -mayoritariamente- a la inversión económica que realiza. Más allá de esto, ellos también pueden verse beneficiado gracias a patrocinios o el acompañamiento de un “padrino” que respalda la actividad al futuro corredor.

El dinero no es un mero capricho. Para alcanzar altos niveles es necesario que el piloto busque y alcance lo “mejor de lo mejor” en su máquina. A esto se suma el hecho de que los equipos, encargados de trabajar en los bólidos, dependan del dinero para sobrevivir, mantenerse y destacarse (si cuentan con un gran presupuesto) en la especialidad que participen.

En el caso de los pilotos argentinos, el hecho de que el mundo de la F1 tenga su base en Gran Bretaña (la mayoría de los equipos cuentan con sus sedes allí), resulta otro contratiempo monetario, debido al costo de los constantes viajes.

Quienes estén más cerca de las sedes oficiales y vivan en Europa desde temprana edad, podrán tener la preparación ideal y justa para reducir la brecha y acercarse a la gran oportunidad de pilotear en la Fórmula 1.

La formación deportiva

Por fuera del dinero, para ser parte de la Fórmula 1, el piloto debe prepararse desde corta edad y tener el objetivo (y el deseo) bien claro. La opción ideal -según afirman los especialistas- es que compita en karting desde antes de los 10 años de edad y continúe allí hasta su adolescencia.

El karting cuenta con una gran cantidad de categorías que se diferencian por el tipo y potencia de la máquina y la edad de sus participantes. A medida que pasan los años, el o la joven deberán ir ascendiendo en la “escalera” de los karting, aumentando así su formación como piloto, adquiriendo conocimientos y superando las dificultades propias del proceso.

Pilotos jóvenes compiten en una parrilla de karting profesional avanzando hacia la primera curva, etapa clave en el desarrollo de un futuro piloto de F1.
El karting representa el primer paso técnico y competitivo para quienes aspiran a convertirse en piloto de F1, ya que aporta control, precisión y bases deportivas esenciales.

Alrededor de los 18 años, el piloto debe “pegar el salto” hacia los monopostos. Estos son los primeros autos de su trayectoria y que, en su aspecto, son parecidos a los de la F1 (por ejemplo, tienen las ruedas descubiertas), aunque presentan un rendimiento mucho menor.

Con el correr del tiempo, el joven debe demostrar resultados y tener éxito deportivo que validen su potencial. En sintonía, deberá conseguir presupuesto que le permitan sostenerse y ascender en las categorías formativas.

La antesala a la F1 está compuesta por tres tipos de vehículos: Fórmula 4, Fórmula 3 y Fórmula 2. Las dos últimas son categorías que compiten en varios de los circuitos que recorre la “Máxima”, compartiendo incluso fin de semana.

Que la F3 y la F2 compartan cronograma con la F1 es muy importante para sus pilotos, ya que son vistos por las escuderías de la categoría mayor. A su vez, estas cuentan con academias formativas con las que “apadrinan” a aquellos jóvenes talentos que ven capaces de, algún día, llegar a competir en el máximo nivel.

Lo ideal es no disputar más de cuatro temporadas entre la F2 y la F3, ganando carreras y títulos. Caso contrario, las posibilidades de acceder a un asiento en la F1 se van desvaneciendo, tal como sucede con la gran mayoría de los pilotos.

Preparación corporal

La experiencia arriba de los autos y la inversión económica vienen acompañadas también con una preparación física y mental muy determinante. Frente a los cambios y a la mejora de la performance de los pilotos y los autos -que frenan mejor y más rápido o alcanzan velocidades más altas-, el piloto debe fortalecer su cuerpo para poder actuar correctamente.

Es decir, para ser piloto de la Fórmula 1, es necesario convertirse en un deportista de alto rendimiento que trabaje su físico, no solo en al gimnasio, sino también a través de una buena alimentación.

A este cambio físico -que implica ejercicios de fuerza en zonas inéditas como el cuello, por ejemplo- los pilotos deben mantener bajo su peso. Cuanto menos kilos pese el conjunto monoplaza-piloto, menor resistencia al avance tendrá este dúo y, por ende, funcionará mejor.

Otro aspecto importante es el trabajo mental. Como en todo deporte de élite, el protagonista sufrirá más derrotas que victorias, por lo que debe estar bien asesorado para enfrentarlas y salir adelante, incluso durante la carrera. La confianza resulta clave para alcanzar el éxito y así acercarse al sueño de competir en la F1.

En el caso de los jóvenes argentinos, el trabajo en la mentalidad resulta crucial desde su adolescencia porque muchos de ellos se van a vivir solos a Europa con tan solo 13 años. Tal es el caso ejemplar de Franco Colapinto que, a sus 14 años, se mudó a Italia para cumplir el sueño que hoy lleva a cabo junto con William Racing.

Joven piloto con un trofeo metálico muestra un gesto de número uno, símbolo del camino competitivo que impulsa a figuras como Franco Colapinto hacia el sueño de ser piloto de F1.
El progreso en categorías formativas resulta decisivo para quienes apuntan a consolidarse como piloto de F1, camino que también transita Franco Colapinto dentro del automovilismo internacional.

Esta mudanza implica alejarse de su círculo familiar y amigos, dejando de lado las primeras salidas, cumpleaños y viajes de egresados que un adolescente promedio suele vivir.

La suerte juega su rol

Si bien contar con un buen presupuesto resulta sumamente importante para llegar a la F1, esto no asegura una plaza. Más allá del talento que permite a los más jóvenes ingresar, por ejemplo, a la academia de un equipo, este debe estar acompañado por cuota de suerte o de fortuna.

Existen miles de factores externos que contribuyen a la consecución del sueño. Por ejemplo, a lo largo de la historia, existieron casos de pilotos que debutaron en la F1 por inconvenientes que padecieron colegas, ya sea por salud o por un tema presupuestario. Es decir, quienes llegaron, estuvieron en el momento y lugar indicado para conseguir el tan anhelado sueño.

Un caso emblemático es el de Michael Schumacher. A mediados de 1991, se estrenó en la categoría sustituyendo en el equipo Jordan a Bertrand Gachot, quien debió cumplir con una condena de cinco meses de prisión por tener un altercado con un taxista en Londres. El resto es historia.

¿Cualquier piloto puede competir en la F1?

Por lo mencionado anteriormente, es sumamente difícil acceder a la F1. Se trata de una categoría a la que acceden verdaderos privilegiados y de la que quedan afuera muchos pilotos que, pese a su talento, merecían ser parte.

En la mayoría de los casos, los jóvenes comienzan la escalera hacia la “Máxima”, pero luego la abandonan y no la pueden continuar por falta de resultados o de presupuesto. Una vez que deciden participar en otras categorías, su acceso hacia la F1 resulta prácticamente imposible.

¿Y un joven de 25 años, que siempre compitió en el automovilismo argentino, puede hacerlo en la F1? De acuerdo a los especialistas resulta prácticamente imposible. ¿Las razones? Su preparación no es la adecuada y puede ser considerada una edad “avanzada” para acercarse a aquel mundo.

En esta línea, además, un piloto que haya pasado toda su carrera en nuestro país, no cuenta ni con la preparación física ni mental brindada por las categorías formativas europeas. Esto lo aleja de la posibilidad de estar con el nivel necesario para manejar un auto del máximo nivel.

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