Por qué el carpooling está cambiando la forma en que nos movemos en la ciudad

Compartir el auto dejó de ser una excepción y se transformó en una alternativa concreta para moverse mejor. Propone una forma distinta de viajar, apoyada en la tecnología, en la organización y, sobre todo, en la reducción de gastos.

En el último tiempo, empezaron a afirmarse tendencias como el carpooling, que replantean el uso tradicional del auto particular. Compartir un viaje o un recorrido, ya dejó de ser una solución improvisada entre conocidos, para pasar a ser una opción organizada, apoyada en la tecnología y vinculada con nuevas formas de pensar la movilidad. 

El carpooling —también llamado coche compartido o viaje compartido— es una modalidad de movilidad colaborativa en la que varias personas que van al mismo destino utilizan un único vehículo privado. De ese modo, reparten gastos de combustible y peajes, y logran una reducción de costos, tránsito y emisiones. Se diferencia del carsharing, donde lo que se comparte son flotas de autos.

La práctica se apoya en apps que conectan a conductores con asientos libres y a pasajeros que necesitan trasladarse, tanto para viajes cotidianos como para traslados puntuales. Este sistema ordena la experiencia, reduce la cantidad de autos en circulación y refuerza el vínculo entre quienes comparten el recorrido.

Según un informe de Global Market Insights (GMI), el tamaño global del mercado carpooling se valoró en US$ 17.9 mil millones en 2024 y se estimó que registre una expansión sostenida entre 2025 y 2034, hasta alcanzar los US$ 47.7 mil millones.

¿Cómo es el funcionamiento?

El funcionamiento del carpooling se apoya en una serie de pasos básicos. En primer lugar, el conductor ingresa a una app —como BlaBlaCar o la rosarina Carpoolear o incluso grupos de WhatsApp— y publica los datos de su recorrido: punto de partida, destino, fecha, horario y cantidad de asientos disponibles.

A partir de esa información, los pasajeros buscan trayectos que coincidan con su origen y destino dentro de la misma plataforma. Cuando encuentran una opción compatible, solicitan sumarse al viaje y el conductor decide si acepta. Una vez confirmado, ambas partes coordinan por mensaje privado detalles clave, como el punto exacto de encuentro.

Más allá de facilitar el contacto entre conductores y pasajeros, las plataformas digitales cumplen un rol central en la consolidación del carpooling como alternativa de movilidad. A escala global, de acuerdo al informe de Global Market Insights, estas herramientas integran sistemas de optimización de rutas, geolocalización en tiempo real, gestión de pagos y mecanismos de validación de perfiles que ordenan la experiencia y reducen fricciones. 

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Según un informe de Global Market Insights (GMI), el tamaño global del mercado carpooling se valoró en US$ 17.9 mil millones en 2024 y se estimó que registre una expansión sostenida entre 2025 y 2034

De ese modo, la tecnología permite ampliar una práctica que antes dependía del acuerdo informal y la convierte en un servicio estructurado, previsible y confiable, pensado tanto para los viajes cotidianos como para trayectos más extensos, incluso cuando vos necesitás planificar con anticipación.

Si bien no hay estadísticas oficiales de cuántos argentinos recurren a esta práctica, fuentes de la plataforma argentina aseguran que, actualmente, son más de 400 mil las personas que la utilizan y que se registran más de 2.000 viajes mensuales.

Luego se acuerda la contribución económica, que suele cubrir combustible y peajes. Ese monto se paga de manera directa al conductor o mediante la app, siempre con el costo total repartido entre quienes viajan. Al finalizar el trayecto, conductores y pasajeros se califican entre sí dentro de la plataforma, un mecanismo que fortalece la confianza y ordena la experiencia para futuros viajes.

Dentro del carpooling, se distinguen tres modalidades principales, según la frecuencia y el tipo de uso.

  • Diario/Laboral: es habitual entre compañeros de trabajo o vecinos que recorren rutas similares hacia sus empleos. Muchas veces se organiza a través de programas impulsados por empresas.
  • Ocasional: se utiliza para viajes largos, como vacaciones o traslados a eventos puntuales, con el objetivo de reducir gastos.
  • Rotativo: en este esquema, los integrantes del grupo se turnan para manejar. De esa manera, reparten de forma más equilibrada tanto la responsabilidad de conducir como el ahorro económico.

¿Por qué empezó a ganar terreno entre conductores y pasajeros en los últimos años?

Esta práctica ganó espacio por una combinación de motivos que empujaron su adopción en distintas ciudades. Entre los principales factores aparecen los siguientes:

  1. Ahorro económico: compartir gastos de combustible, peajes y estacionamiento baja de manera directa el costo del viaje, tanto para conductores como para pasajeros.
  2. Sostenibilidad y medio ambiente: al circular menos autos, disminuye la contaminación del aire, bajan las emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2, y se reduce el ruido urbano.
  3. Reducción de la congestión: la reducción de vehículos en la calle alivia los embotellamientos, mejora los tiempos de traslado y contribuye a viajes menos estresantes.
  4. Conveniencia y comodidad: funciona como una alternativa más ágil que el transporte público en determinados recorridos, evita la búsqueda de estacionamiento y permite llegar más cerca del destino final.
  5. Acceso al empleo: facilita la llegada a lugares de trabajo ubicados en zonas con poca conectividad, un beneficio tanto para empleados como para empresas.
  6. Tecnología y seguridad: las plataformas digitales simplifican la búsqueda de compañeros de viaje y suman perfiles verificados y sistemas de calificación que refuerzan la confianza.
  7. Políticas de movilidad: municipios, empresas y universidades incorporaron el carpooling en sus planes de movilidad sostenible como una respuesta eficiente a los problemas de tránsito.
  8. Beneficios sociales: genera espacios de intercambio, permite conocer nuevas personas y fortalece el sentido de comunidad entre quienes comparten el recorrido.

En ese marco, el carpooling empieza a integrarse en estrategias más amplias de movilidad sostenible, que impulsan tanto los gobiernos locales como organizaciones y empresas. A nivel internacional, este tipo de servicios se articula con planes que buscan reducir emisiones, mejorar el uso de la infraestructura existente y desalentar el uso individual del auto en zonas urbanas con alta congestión como marcó GMI.

Así, el viaje compartido deja de ser una decisión aislada y pasa a funcionar como una herramienta concreta dentro de políticas públicas y privadas que apuntan a ciudades más eficientes, menos contaminadas y con traslados mejor organizados, algo que impacta de manera directa en tu forma de moverte todos los días.

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El carpooling tiene efectos positivos en distintos niveles, con un impacto directo en la movilidad urbana, además de la menor congestión y mejor calidad del aire.

¿Qué impactos tiene el carpooling en movilidad urbana, gasto mensual y uso del auto particular?

El carpooling tiene efectos positivos en distintos niveles, con un impacto directo en la movilidad urbana, además de la menor congestión y mejor calidad del aire.

Impacto en la movilidad urbana

  • Uso eficiente de infraestructura: se aprovechan mejor las vías existentes y se reduce la presión por sumar nuevos espacios de estacionamiento.
  • Beneficios sociales: el viaje compartido promueve el intercambio entre personas, fortalece la convivencia y refuerza el sentido de comunidad durante los traslados.

Impacto en el gasto mensual

  • Ahorro económico: quienes participan dividen los gastos de combustible, peajes, mantenimiento y estacionamiento. Esta dinámica permite reducir los costos de transporte hasta en un 50%, según el tipo de trayecto y la frecuencia de uso.

Impacto en el uso del auto particular

  • Alternativa al auto individual: funciona como una opción viable y más económica frente al uso exclusivo del auto, sobre todo en recorridos habituales y compartidos por varias personas.
  • Reducción de vehículos en circulación: cada viaje compartido implica un auto menos en la calle, con un efecto directo en la baja del tránsito y de la huella de carbono
  • Cambio cultural: impulsa una mirada distinta sobre la movilidad, basada en el uso compartido del vehículo y en una mayor responsabilidad ambiental, en contraste con la lógica del auto individual.

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