De la refinería a la comunidad: la historia de Juan Modarelli, el trabajador solidario de AXION energy que fue condecorado en Campana

​Llegado a la planta cuando tenía tan solo 19 años, el actual supervisor de mantenimiento hace un repaso de su historia y cuenta su vida como diácono y el vínculo con la localidad.

​Llegado a la planta cuando tenía tan solo 19 años, el actual supervisor de mantenimiento hace un repaso de su historia y cuenta su vida como diácono y el vínculo con la localidad.

Aunque se puede utilizar en miles de casos, la frase “nadie es profeta en su propia tierra” no se aplica para la historia de Juan Modarelli. Nacido y criado en la localidad de Campana, el actual supervisor de mantenimiento en el taller de la refinería de AXION energy no solo nunca se fue, sino que se convirtió en un protagonista solidario.

Su historia adulta comienza cuando tenía tan solo 19 años. Salido de la secundaria y con la noticia de que iba a ser papá pronto, decidió a salir a buscar trabajo. Tras varios intentos, consiguió una entrevista en la refinería gracias al papá de un compañero de secundaria. Luego de una experiencia de una beca otorgada por SIDERCA, ingresó a la planta permanente donde iniciaría -como según cuenta- su vida adulta:

“Entré para la carrera de oficial cañista. Ahí tengo el recuerdo de empezar a hacerme grande porque yo estaba en plena juventud y, de repente, empecé a tener responsabilidad y a tener que aprender a trabajar y respetar horarios. Entender que la vida laboral había empezado”, revela a En Movimiento.

Desde el día que ingresó, el 24 de junio de 1993, hasta hoy, 29 años después, pasó por numerosas experiencias y vivencias que lo convirtieron en la persona que es hoy. “Tengo menos años en mi casa actual que en la refinería, revela.

Así, lo humano y la cercanía de la empresa hicieron a su trabajo “el patio de su casa”. Sobre las personas, Juan cuenta que lo acompañaron el aprendizaje y le enseñaron valores. “Eso te abre puertas, te da enseñanzas y te hace entender que la vida de uno está relacionada con la vida de los demás, que cada uno tiene su historia y saber entenderlas, respetarlas y valorarlas, ya que cada uno hace lo que puede con lo que tiene”, comparte.

Con los años, sus distintos roles en la refinería lo hicieron un importante protagonista. Conocer el lugar, le dio cada vez más confianza e identidad con AXION energy: “Es un lugar que a mí me dio todo y yo le di todo. La empresa me dio las personas, el hecho de contenerme en momentos difíciles y poder salir adelante”, confiesa.

Durante su trayecto, se desempeñó como cañista, foguista y operador de fuerza motriz. Luego retomó como coordinador de mantenimiento y proceso para después ser planificador y ahora ejecutor y supervisor de mantenimiento de rutina.

“El hecho de haber aprendido con estas personas, de encontrar buenos supervisores, me dio la oportunidad de seguir conociendo cada vez más la refinería y poder llegar hoy a donde estoy, que era lo que uno quería hacer cuando había entrado”, expresa.

El valor de la comunidad

Con el tiempo, Juan se dio cuenta de que su vida daba para algo más allá de lo laboral y familiar. Inspirado por su padre y “para continuar su legado”, volvió a las raíces donde el valor de la religión reflotó. El fruto de la semilla que su padre le dejó maduró y comenzó a movilizarse primero en la parroquia ‘Nuestra Señora de Luján’ dando catequesis, formando grupos de hombres que rezaban el rosario y organizando comidas.

“Realizaba actividades que formaban a la comunidad para que se uniera y se autoayudara, para que los adultos mayores tengan un lugar donde puedan participar y que puedan reunirse”, cuenta.

Este comienzo lo incitó a movilizarse aún más y ampliar su solidaridad. Para eso, se formó como diácono y extendió su labor a otras comunidades en las capillas de diversos barrios de Campana como ‘Las Praderas”; “La Josefa” y “Otamendi”. “Lleva mucho tiempo, es un trabajo arduo, porque hay que tratar de que las personas empiecen a confiar en uno y en los demás”, cuenta a En Movimiento.

A la hora de “formar comunidad” y trabajar en cada una de ellas, Juan analiza el lugar donde está y el contexto. Así fue como se acercó a algunos de los barrios a través de su intervención social como “punta de lanza”. Entregó mercadería, creó roperos, reunió donaciones de todo tipo para luego ir hacia un punto más profundo: el espiritual.

“Poco a poco nos vamos dando a conocer y eso abre camino para que nos reciban en la casa y uno pueda empezar a charlar. Acá inicia el verdadero trabajo del diácono vinculado a la religión, la parte espiritual. Empezar a contener espiritualmente. Hay mucha más necesidad espiritual que material”, confiesa.

Es tal su presencia en el barrio que fue condecorado por toda su actividad social en la comunidad de Campana. El premio, impulsado por su papá, vecino de Campana, en la década del 70’, busca reconocer el trabajo de las personas de la localidad dentro de ella. La elección nace de la propuesta de vecinos y vecinas de Campana que promueven en la Cámara de Comercio a distintas personas que asumen un compromiso por la zona.

“La realidad es que es compartido y hay que hacerlo entre todos. Yo soy solo ‘la cara bonita’ de un proyecto divino. Uno da la cara por todos aquellos que quieren ayudar. Este reconocimiento sirve para demostrar que se puede ayudar sin la necesidad de tener guita o alguna infraestructura. Con solo la voluntad se puede ayudar a mucha gente”, afirma.

Como cierre, Juan no quiere dejar de mencionar a la familia y su participación, un factor clave para el sostén de su vida laboral y comunitaria. “Su presencia es fundamental. La familia participa con lo que tienen, más allá de acciones concretas. Cuando no tengo a nadie, ellos son el teléfono rojo que salen al lado mío a ayudarme. Me parece que la entrega mayor la hacen ellos y es de total humildad”, cierra.

 

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